jueves, 14 de octubre de 2010

A patear la puerta, ¡yeah!


He aprendido que hay que cerrar la puerta, para que no se meta, desde el frío, la cucaracha, las ratas,  hasta el mismo Satanás. He sido de las personas, que se quedaba mirando entre la pequeña abertura de una puerta llena de oportunidades, pensando y dudando,¿estará bien? ¿y si me sale mal?, y una inmensa lluvia de incertumbre, que no hacía más que muy educadamente, cerrar, con una sonrisa , mientras me decía adiós con el movimiento de su mano, poniéndole siete llaves, la puerta de las que hubieran sido quizás, las ideas del descubrimiento, de la rueda y la pólvora juntas, pero de nuestros tiempos, de nuestra vida, de nuestra familia.
Éramos felices, porque pensábamos que éramos humildes y que con nuestra humildad, un día, un hada madrina, vendría con su varita mágica de luz a hacer que la puerta se abra. Pero no, no era humildad es otra cosa. Se llama inseguridad.
Este fin de semana, en esa conversación en que solo los esposos pueden y tienen que sostener, porque los años que vienen dependen del porcentaje de realidad y fe que llegue a alcanzar el tema en cuestión, Rubén y yo, le quitamos a la inseguridad, su costosísimo traje FH,  (Falsa Humildad, su marca de alta costura favorita), y la dejamos desnuda delante de nuestros ojos.
"¿Sabes? Si se abre la puerta, hay que empujarla, porque nadie va a abrirla por nosotros." ¡¡¡Yeaah!!!, porque así somos, cuando estamos de acuerdo en algo, nos sentimos en medio de un buen concierto de rock, obviamente, y pogueamos a muerte, ¡¡¡yeaaah!!!
Nos llenamos de una fe agresiva. Los lomos de Rubén, cantaban !Aleluya!, vamos a esforzarnos inteligentemente, vamos a sacarle provecho a nuestra juventud, talento, conocimiento, experiencias, ¡Yeaah!

Así que hoy fuimos al banco con Rubén, entramos pateando la puerta, eramos Neo y Trinity,  dispuestos a conquistar a la fuerza sueños, planes, a meterle el Mega Tacle a la puerta de las finanzas cerradas. Pero ignorabamos que el banco es el Terminator del otro lado de la puerta, y nos pateó a nosotros.
Me desempolvé la dignidad, después de toda las explosiones de los requisitos, y salí práctica y feliz. Hay más puertas por empujar. Rubeni salió con un nudo en la cabeza...oh my God! Ya tengo ochocientas medallas scouts por ayudarle a deshacer esos nudos...y ahora otro más.
Almorzando juntos, nos reímos de nosotros, ji ji ji ji (como algunos se rien en el Facebook cuando están palteaditos). Nos animamos, nos halagamos, nos prometimos, nos amamos.  Entendimos que la primera puerta que hay que patear, es la nuestra, la puerta Sánchez,  la de nuestra fe en Dios, en nosotros,  en nuestra familia, en el futuro. Pateando está puerta, las demás se abrirán, con un sólo empujoncito, y con nuestra firma de seguridad, en el Dios en quien creemos.
Desconozco mayormente, cómo las demás familias enfocan sus desafíos, o sus planes. Nosotros desvariamos entre superhéroes y hippies. Otros serán más elegantes, o más deportivos.
Creo que más que las metas logradas, la felicidad la encuentras en el camino mientras llegamos a ellas. Y ese ya es un suficiente motivo para estar agradecido, porque si podemos aprender a patear puertas, y seguir intentando, es sello indefectible de que todavía estamos vivos.
Por lo visto, los Sánchez estamos vivitos y coleando, como dice Abba:  "si puedo explorar en los cielos, o si buscó dentro de mí, en realidad no importa mucho, mientras pueda decirme a mí mismo, que siempre lo intenté", y con Dios, lo logré.

Catylabella

1 comentario:

Marblue dijo...

=)..gracias por seguir enseñandome y por ahorrarme tantos años....t kiero mucho