jueves, 21 de octubre de 2010

Los nazarenitos

Cuatro años atrás, y treinta kilos menos caminando en mi nueva talla 28 con una amiga por los corredores del Jockey Plaza, me encuentro con One Two Three Werner, un nazarenito que no me veía desde hacía como diez años. Cuando le hablé tardó en reconocerme, lo que me dió una gran satisfacción por dentro, ya que después de haber pérdido tanto peso, definitivamente yo era otra persona.
- ¿Estás enferma?
Me mató con su pregunta. Ya no me acuerdo que más hablamos. Pero en venganza, memorizé detalladamente su evidente inicio de calvicie,
Cada vez que se presenta la oportunidad de volver a encontrarme con amigos, o familiares  que no veo hace tiempo, una ansiedad marca diablo se asoma. De repente me embargan los deseos de hacer los ejercicios que hace seis meses no hice, o de cambiar de look, o de haber tenido experiencias interesantes, como viajes exóticos, o libros publicados, o haber salvado todo un país de la hambruna, o salir como co-estrella con Angelina Jolie en su última película, y no ser la versión original de la Niñera Mac Phee. Son íntimas metas, ya que esos amigos de antaño guardan la imagen de una versión más joven de uno. Y ¡bueno!, para que cambiar esa imagen, que vean que los años nos han mejorado y aumentado, pero para bien, y ¡no en la cintura!.
Los nazarenitos
Parecerá que soy superficial,  pero lo que pasa es que esos amigos pertenecen a un contexto en que los valores más importantes eran la imagen, sacarle el jugo a la juventud en todos los aspectos, y el solo hecho de saber que te los vas  a encontrar te contextualizan. Este contexto en mi caso es El Nazareno.
Y uno de esos temidos reencuentros se dió  la semana pasada, cuando Rubén se encontró con Edward, conocido como Erguar en nuestros tiempos de nazarenitos. La última vez que lo vi concienzudamente fue cuando tenía trece años. Erguar tiene en su haber el haberme introducido en la beatlemanía, lo cual agradecí y renegué en estos años.
Quedamos para juntarnos a conversar, y como suele pasar con amigos que te conocen de años atrás, el tema en cuestión está sentenciado a girar en torno a la  actualización de datos: tu esposo, tus hijos, tú ¿te casaste?, ¿y qué es de...?, recuerdos de adolescencia, uno que otro chisme, alguien que pasó a mejor vida por allí, y cuando se acaban  los temas, se usan las reservas para recordar la música, los dibujitos, las telenovelas, lo que sea factor común para toda la generación  de los ochentas,  y ya basta, nos vemos en diez años más, si Dios lo permite, como decía mi mamá.
Llegué al lugar de la cita. Y bueno, Erguar había cambiado,  había crecido, y no en estatura, y estaba  felizmente orgulloso de eso.
Este reencuentro es remarcable, porque me terminé enterando que yo era sabia en mi juventud y daba buenos consejos...whaaatt???. "Yo solo hablaba", le dije, porque de sabia no me atribuyo nada en ese entonces, y puede ser que hasta hace poco tampoco. Solo recuerdo que metía en problemas a ciertas parejitas haciéndoles el bajo (ayudándoles en su cortejo).
Pudimos conversar de temas de nuestra actualidad como individuos. Para mí fue de mucha ayuda, su travesía por el dolor de madurar, y no me dejó ir saltando de idea en idea loca, sino que el tema de conversación fue puntual.
Pero ya me estaba extrañando que su vida haya estado en tonos grises tanto tiempo, hasta que habló de que "a las gallinas no se les da con la mazorca en la cabeza". Y levantaba su mano haciendo la mímica de que estaba lanzando todo un costal de mazorcas a MI CABEZA. ¡Qué alivio! Ya cuando nos ponemos metafóricos de palabra y gestos, es porque algo de la locura normal todavía nos queda y eso es saludable.
Me prestó un libro que me va a ayudar con un tema especifíco, y ya lo leí todo. El libro está en portugués, así que mi encuentro con este viejo amigo ha elevado mi nivel en muchas áreas. Mi vocabulario en portugués se ha abierto oficialmente: pele, ele, ela, muito, voo, sua...ya no me acuerdo (¿será la edad?)

Y escribo está nota, porque ayer Erguar había leído mi blog, y yo no había leido el suyo, ¡qué roche!. Me interesa que lo lea, porque enseña Expresión Escrita en la Universidad de Lima, y aquí es donde salta mi faceta de sanguijuela, ya que estoy seriamente interesada en escribir librosss.
Y lo que me encanta de todo esto, es que a mi esposo Rubeni, lo conocí en el mismo contexto y tiempo que a otros amigos como Erguar, Henry, Julio, Coky, Wendy, Alfredo, Iris,Nano, One Two Three Werner, Samameman, Jailo y muchos otros.  Pero de todos ellos, me quedé Rubeni, mi nazarenito favorito.
Salute Erguar, y gracias a ti y a todos los nazarenitos que crecimos juntos.

Catylabella

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