Los selfies consisten en que te tomes la foto enfocándola desde tu cráneo hacia los pies para que quede registrado como Dios te ve, desde arriba, todos flacos, todos chéveres, por eso todos somos preciosos para él.
Me ha pasado que quienes (entre esos incluidos Mr.Sánchez) queriendo hacerme el favor de tomarme una foto mientras predico o diserto por ahí, lo han hecho, antiselfie, desde mi papada hacia los pelos de la cabeza. La foto salió profesional y fue publicada en las redes sociales de nuestra iglesia. Ya te imaginas cuanta autoestima se necesita para seguir adelante con esa imagen expuesta, y cuánto amor de Dios para no acabar con esos papadazzis.
Y para confirmar mis dotes papadísticos, ayer un amigo que tiene su spa me pidió que sea su modelo para el método HIFU de lifting sin cirugía, que de manera no invasiva me reduciría la papada y los pellejos colgantes de rostro y frente.
Así que me fui emocionada porque nada mejor que gratis y con resultados duraderos. En lo que no reparé fue en la palabra MODELO. Resulta que el diagnóstico de mi papada y pellejos, así como todo el trabajo que involucra tratar de que vuelvan a su lugar y también el procedimiento fue grabado por un equipo de marketing. Hacían acercamientos a mi cara, la cosmíatra resaltaba mis lipovirtudes. ¡En fin!
Mientras tanto, este domingo me traen unas humitas de queso de Cajamarca que prometen.
“Ya que Dios nos hace estar felices, dejemos de preocuparnos tanto por la vida.” (o las papadas y pellejos) Eclesiástes 5:20
Dios es bueno todo el tiempo.
Clb

