martes, 20 de junio de 2023

Heridas de Batalla

Después de un espectacular Día del Padre, cerramos la noche yendo a pie al chifita. Llevamos al perro Dardignac, para que dé su paseo de la noche. Al regreso, él venía suelto y sin correa oliendo esquinas y huellas orgánicas de otros perrunos hasta que de la nada salió un pastor alemán a su encuentro. Se detuvo y sus dueños le gritaron que se quede quieto. Yo llamé a Dardignac, quien ni sonso ni perezoso se dirigió hacia mí. Pero el pastor alemán ignoró completamente las órdenes que recibió y en dos zancos alcanzó a Dardignac. Lo zarandeó y mordió mientras mi perro intentaba morderlo. Los dos se veían furiosos perrunamente, pero las diferencias entre uno y otro era abismal. El dueño atrapó al pastor alemán y Dardignac viéndose libre intentó atacarlo. Daniela lo cogió, lo levantó y el perro empezó a llorar. 

Lo trajimos a la casa, buscamos y no había rastros de sangre. Daniela se tomó bastante tiempo hurgando al perro para encontrar cada herida. Fueron varios rasguños. Los curamos y pusimos ungüentos perrunos y está demás decir que el perro estaba en shock.

Pero al día siguiente, aparecieron unos moretones terribles al lado de los supuestos rasguños, lo que reflejó la verdadera batalla que presenciamos. El perro no ha querido comer en dos días, solo toma agua, sale a dar su paseo despacio y no se mueve de su cama cuando está en casa. Por instinto se está recuperando. 

Lo sorprendente es que cuando ha salido, no le ha dado miedo volver a pasar por el lugar de los hechos. Creo que no le tiene miedo, es más, me parece que sabe que hay un asunto pendiente ahí.

Hace unos tres meses conversaba con una amiga pastora de cosas profundas personales. Esto involucra dudas, algunas amarguras, inseguridades expuestas, un poquito de impotencia y muchas preguntas. Al tener el corazón tan abierto, salió la imagen que tenía en ese momento de nosotros, mi esposo y yo, comparado con tanto por hacer que no hicimos, que no suplimos, que ignoramos y el peso del paso del tiempo y oportunidades que tal vez no regresarán. Todo esto fue mientras esperábamos la cuenta, pagamos la cuenta y nos levantamos para irnos. Cuando me puse de pie, retomé la compostura y algo habré dicho, no recuerdo qué y ella me dijo: "¡No amiga! Ustedes son unos generales de Dios. No hay guerrero sin heridas, sin haber peleado y sin batallas esperando. Nosotros aprendemos tanto de ustedes." En ese momento sentí que me habían puesto un par de galones en mi uniforme de guerra.

Mentiría si digo que esto no me trajo algunas lágrimas a lo largo de esa semana. Y desde ese momento me vi diferente. Pues sí, las batallas no han sido para el hombre, ni contra el hombre, siempre contra el enemigo y en el nombre del Señor. Muchas veces, tal vez la mayoría me he sentido como Dardignac, con unos días sin querer comer ni caminar, pero al final volvemos a los mismo lugares que Dios nos ha entregado, para tomarlos para él.

Escuché a mi pastor póstumo decir hoy, que esas victorias no son para cualquiera, sino para los que están comprometidos con Jesús, que no aman su vida más que al Señor.  No cualquiera cosecha victorias de la mano del Señor. Y no hay victorias sin batallas, ni batallas sin heridas...

Clb


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