La Rebetrons me dijo ayer que pensó que cada día en Cajamarca publicaría un post según las experiencias que tendría. Te cuento, te aviso mi Rebetrons, que decorar las vivencias de uno, tarea fácil no es. Y mucho menos si la inspiración desaparece porque el cansancio que te trae el turismo te lleva en peso, sobretodo cuando tu vuelo sale a las 5 a.m. y tienes que estar en el aeropuerto a las 3 a.m. y desde las 2 a.m. tienes que salir de tu casa huyendo de uno que quiere que le dejes cocinado para los días de tu ausencia.
Ahora que estoy de vuelta, ahí te va tu pan Rebetrons.
Es la tercera vez que visito la Granja Porcón. Hay que decir demasiado sobre estas visitas pero me enfocaré en un grupo de turistas que nos dio el encuentro.
Acabábamos de visitar al otorongo Conan, que esta vez nos castigó con el látigo de su indiferencia, así que le pagamos con la misma moneda y nos fuimos a tirarle pan a los osos. Cuando nos disponíamos a interactuar con los monos capuccino (sí, como el que tenía Ross), se aparece un grupo de diez sujetos emplumados graznantes, blancos, de pico rojo, a los que sólo les faltaba los celulares y un guía para confundirse entre nosotros, por la actitud tan humanizada que tenían.
Querían pancito, obvio microbio, pero lo querían para ayer. Cada uno escogía a una persona y la perseguía hasta que se les acababa el pan. Definitivamente me entregué a la tarea, pues era muy chistoso y si me demoraba, emitían un sonido amenazante. La Naniela, que parece valiente pero se muere de miedo de todo, empezó a huir de estos gansos, porque sabe que pican. Yo no me percaté que uno me seguía, determinado para que lo atienda ¡ya!. Con todo y miedo, Daniela pudo grabar esta persecución y demanda.
Este ganso fue amable, pues yo sé que con esas picoteadas te hacen heridas, porque son agresivos. Sin embargo, el gansito llamó mi atención suavemente y me jaló el polo como para que me apure.
¡La historia de mi vida! Así me siento el 98% del tiempo ¿y qué madre no? ¿Cuándo se darán cuenta que yo no tengo todas las respuestas, ni todas las recetas, ni todas las medicinas, ni mucho menos todo el dinero para solucionarles la vida? ¿Yo que culpa tengo de que Dios me haya dado el pancito?
Así como el gansito, naturales y espirituales, los hijos, se las arreglan para acercarse sutilmente, dar una picoteada y si no pasa nada, algo más contundente para llamar mi atención. Y sin ser hijo, inclúyase en esta lista a MrSanchez, que de todos, es el ganso cuyas demandas no me puedo quitar de encima.
Y aunque Daniela se sobra y como que no me necesita, ¿a quién creen que busca cuando se tambalea lo doméstico o lo estable?
Si observan, alimento al ganso, le entregó mi corazón pero también me voy corriendo. Esa también es la historia de mi vida. No soy ni seré mamá gallina, ni mamá ganso, soy un ser jumano, que pronto será una suegra y después abuela, y recibiré a todos los gansitos de colores que vengan por pancito hacia mí.
Gracias Dios, tú eres bueno. Ahí esta tu pancito Rebetrons
Clb


















