No sé si todos hayan tenido la oportunidad de escuchar esta frase: "Para ver lo que nunca has visto tienes que hacer lo que nunca has hecho." La psicología y psiquiatría definen la locura como seguir haciendo lo mismo y esperar diferentes resultados. Yo tengo otra perspectiva de estas frases:"Deja de hacer eso que estás haciendo que crees que no es la causa de tu mala cosecha", aplica también para las promesas de Dios.
Tengo ya bastante tiempo esperando resultados diferentes, esforzándome con todas mis fuerzas, sembrando en la mejor tierra que es la del Señor, pero sin ver los resultados que mi corazón está seguro que Dios ha preparado para nuestra ardua labor en su reino. Después de ver que lo que cosechaba tiene mucho aspecto del reino del enemigo más que del reino de Dios, consideré que no es la tierra, no es el Señor, es el sembrador (yo) y la semilla (mis acciones como individuo, mis palabras como el ser humano que vive de la gracia de Dios y los límites débiles donde debieran ser fuertes).
Hace cinco días escuché a un pastor reconocido, quien nos recibió en una íntima reunión de pastores que, así como Juan el Bautista que fue pregonero de la venida del Señor, nosotros también somos la generación de líderes que anuncia la segunda venida del Señor, y tenemos exigencias de santidad más fuertes que los demás.
Me di cuenta de dos cosas: 1. Lo que esperaban ver mis ojos, es más un ministerio exitoso a "nivel hombres", más que ver a mi Señor venir en las nubes rodeado de sus ángeles, gloria y poder. 2. Mi nivel de santidad, no se distingue mucho de cualquiera que no conoce al Señor, sobretodo en el asunto de las celebraciones y sus alegrías. En conclusión, ni espero al Señor, ni me interesa distinguirme como alguien que se guarda para Él.
Hace unos seis meses renuncié públicamente (ante una pequeñísima audiencia) a todos los malos ejemplos y sus rastros dejados por la inmadurez y mi carne. Entonces todo comenzó a cambiar, con resultados diferentes.
En lo que vamos hasta hoy, no sé cómo perdí tanto tiempo. Las cosas siempre fueron claras y sólidas de parte de Dios, pero el enemigo es astuto y te invita a aflojar en los temas no negociables para Dios.
No juzgues a Dios si no tienes el resultado que su Palabra ofrece si continuas haciendo las mismas malas mañas, en las que sabes que la gracia te cubre.
Clb.





