Le doy un sol, ¡ahorita!, al que me diga qué es lo que se siente al final en la noche de Navidad, cuando todos hemos comido hasta reventar y tenemos el pantalón abierto, los ojos secos de sueño, y el corazón alegre. Las envolturas de papel regalo tiradas por todas partes, los niños estrenando sus obsequios y en el corazón así como en el rostro tenemos una gran sonrisa.
Semanas atrás, en los supermercados y en las tiendas como Ripley y Saga, escuchamos villancicos cantados por los Toribianitos y hasta Pavarotti. Todos nos ponemos meláncolicamente tristes y querendones. El sentido común se cuelga como adornito en el árbol navideño y no lo llevamos de compras. Todos se proyectan hasta la medianoche del 24, compran comida como que es el fin del mundo y corren por los regalos y las ofertas como si fuera la última navidad. Todos hablamos el universal lenguaje de la compulsividad navideña. Nadie condena al otro cuando escoge su regalo. Es más, solo hay miradas de aprobación. Sí, compráselo se lo merece, ya después ves como pagas. Enero no existe, compra no más, todo por verlos felices. Además de los ánimos internos y de complicidad, en medio de la suave música de los villancicos, por los parlantes, una dulce voz nos dice los precios más locos por cosas posiblemente innecesarias: "Porque la Navidad es magia. Navidad es dar. Navidad ahora o nunca. Navidad..."
Llega el 24, la ciudad está acelerada, pero todos están felices. Difícilmente te pelearás con un cobrador. Algo va a pasar en la noche. Llegamos a casa. Esperamos la cena. Comemos juntos. Dan las 12. Los abrazos. Y los regalos. Después una hermosa satisfacción.
Muchos se la pasan tratando de descifrar la magia de la navidad. Pero es bien sencillo. Te esforzaste mucho, gastaste toda tu plata solo por ver a otros felices. Eso es todo. La ansiedad por la navidad es tan grande porque precede a una satisfacción única que se siente sólo después de que todo lo dado ha sido consumido.
Podemos sentir, en un 0.00000000000000000001% la satisfacción de Dios por el regalo más grande para nosotros. Tocamos por breves instantes (y a modelo escala) su divino constante.
Si nosotros siendo humanos, sabemos dar buenos regalos a los nuestros, cuánto más Dios, que es perfecto nos ha dado lo mejor.
Quiero que esta pequeña reflexión nos libere de la acusación de compulsivos navideños que nos acompaña a algunos por estas fechas. La verdad es que, buscamos volver a sentir la satisfacción de dar todo para que otro sea feliz, y eso no está mal. Sólo hagámoslo más seguido y no solo en Navidad. ¡Ah! Y por favor, llevemos de compras al sentido común que nos cuida tanto.
Detesto los clichés, he aquí una corrección. Navidad es dar. ¡NO!. Navidad significa nacimiento, no dar. Amar es dar: "Porque de tal manera amó Dios, que dio a su único Hijo..."
Merry Xmas a todos Compulsivos Navideños, den todo lo que puedan a Aquel que ya lo dio todo por nosotros.
Catylabella
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