Hace unos tres miércoles fui al supermercado Metro. Estábamos ajustados de dinero por la compra al cash de los pasajes para ir a ver a la primera nieta.
Después de angurrentear por los anaqueles, llegamos a la caja. Un jovencito de ojos grandes, nada comunicativo, de obvias pocas pulgas me atendió.
- ¿Cuánto es el total?
- Ciento veintitrés con cuarenta - respondió.
- Y ¿está con descuento, algo tuvo descuento?
Me miró fijamente. Pensó un poco. Presionó unas teclas.
- Sí, descuento de diez por ciento.
- ¿De verdad?¿Qué producto tenía el descuento?
- Es descuento de jubilados.
Ni la perimenopausia me habló tan claro.
- YO NO SOY JUBILADA, ASÍ QUE ESE DESCUENTO CORRE POR TU CUENTA Y YA TU VERÁS, PERO NO ME LO PUEDES QUITAR.
Me miraba fijamente con sus ojotes.
Para acentuar el drama, Mr.Sánchez y su eterna juventud también me miraban. A él no le hubieran dado ese descuento. A él le piden que ceda el asiento, levántese joven, qué más se va a servir joven...si supieran que no soporta las ráfagas de viento, que se duerme en el sillón como abuelito, que me pregunta que son esas manchitas en el arroz y resulta que son las verduras, si supieran...Pero valgan verdades, tengo cincuenta años. Por ahí me recomendaron que debido a mi edad, mejor sería que madure.
Si no es madurez que ese cajero de Metro haya salido ileso de esta, no sé que más lo sea.
50 años y sin filtro, yo me atreví.
Clb

1 comentario:
Mr. Sanchez le podrían dar descuento de estudiante escolar.
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