A veces tengo la sensación de que a esta Daniela Sánchez la dejamos olvidada en un cuarto de algún departamento en el que hemos vivido y últimamente la busco mucho en mis memorias. A ella y a las otras dos, extraño a mis conejas chiquitas:
Ahora vivimos con una Daniela que tiene un iPhone, que es universitaria, que parece que se va a casar, delgadita, independiente, tanto que nos da a entender que no nos necesita, hasta que…
Esta semana nos fuimos a Gamarra, necesitábamos unos polos con logos personalizados. A ella no le gustan esas zonas sabrosas y truculentas de nuestra ciudad, pero como era para ella y su grupo, no le quedó de otra que venir a ayudarme. Es más, el pretendiente también nos acompañó, así que estábamos seguras, hasta que…
Bajamos del tren y las multitudes se movilizaron en armonías apretujadas y peligrosas dentro de la estación y sentí un dedito que me presionaba la espalda. Cuando volteo, era Daniela tocándome prolongadamente con su dedito. Raro. Estábamos a punto de cruzar la pista, ahora sí, con toda la realidad de Gamarra y la rica Vicky, cuando siento que alguien me sujeta por atrás, jalándome el polo. ¡Era ella! Raro.
Esto sucedió todo el tour por Gamarra.
Yo le daba seguridad. Buscó su seguridad en mí, no en el pretendiente. Seguimos siendo importantes para ella. Me equivoqué buscándola por algún lugar en una casa antigua, resulta que está en esos escenarios desconocidos, peligrosos de Gamarra y de la vida.
A ese momento en que le dí seguridad lo llamo FELICIDAD.
Dios es bueno.
Clb
2 comentarios:
🤍
Los brazos de los padres siempre serán el lugar seguro de los hijos. Claro! De aquellos que estuvieron presentes en sus momentos más frágiles supongo.
Publicar un comentario